No
existe recurso estético que supere a los árboles.
Realmente
son una especie de esculturas vivientes. Esculpidas por el viento, la lluvia,
la tierra, a veces con un poco de ayuda humana, pero en realidad ni siquiera la
necesitan.
Como
elementos sólidos pueden convertirse en columnas que sostienen el cielo, en
paredes verdes que separan la banqueta del arroyo, que dividen el mundo de un
lado de la calle del mundo que crece del otro lado. Pero la imbatible ventaja
de ésta pared es que es meramente visual. Basta decidirse a atravesarla para
lograrlo y cubrir el trecho entre dos mundos.
Ni
que decir de la natural unión entre los árboles y el agua…insuperable como
combinación visual.
Pueden
tomar la escena más gris y deprimente que los hombres podamos construir y
llenarla de luz y vida con solo enmarcarla.
Fungen
como lente y filtro a través del cual la lluvia se suaviza y la luz desnuda
adquiere una multitud de matices…
Son
capaces de transformar con su sola presencia el espacio en el que crecen.
Los
hemos maltratado, los hemos limitado bloqueando sus raíces y cortándoles las
ramas que crecen más de lo que creemos “apropiado”, los hemos explotado como
hemos explotado a todos los recursos y seres vivos de nuestro planeta. Hasta el
límite de lo soportable.
Pero
cuando las metrópolis humanas, extenuadas de soportar nuestro insostenible
estilo de vida, finalmente como todo organismo viviente, lleguen a su
decadencia y muerte, nuestros cuerpos las abandonarán, y sólo quedarán nuestro
recuerdo, vagando espectralmente por interminables calles y habitaciones vacías,
disolviéndose paso a paso, día a día, hasta desaparecer por completo de la memoria
de nuestro planeta.
Y
después de un tiempo, mientras el recuerdo de nuestra existencia se desvanece,
la vegetación imprimirá nueva vida a nuestras ciudades. Vida diferente a la que todas nuestras urbes
llevan ahora mismo, pero vida, al fin y al cabo.
Tal
como las antiguas ciudades mayas, levantadas a base de ganarle terreno a brazo
partido a la selva, y finalmente sepultadas con todo su pasado de orgullo y
gloria.
El
musgo creciendo metódicamente sobre aquellos materiales que creamos
precisamente para ser a prueba de vida como el concreto y el ladrillo… el pasto
como un río verde que crece y finalmente desborda por calles, patios y
finalmente habitaciones y techos. Ríos, lagos, canales, cuerpos de agua creados
por nosotros como presas y embalses retornaran a la posesión de las algas y plantas
acuáticas.
Y
los árboles…
Los
árboles continuarán observando la vida, la vida que seguirá y seguirá sin
nosotros mucho tiempo, antes de llegar a nuestro fin.
Los
grandes amigos, los grandes ilusionistas. Pero sobre todo, los grandes
observadores del tiempo.
Y para cerrar...fotos de nuestros amigos:

El árbol tan considerado, encargándose de alfombrar su entorno inmediato.
Nadie como ellos para lograr esa sensación de profundidad.
Los árboles y el agua, inmejorable combinación.
Alguien se roba la escala en la foto, y hace que los vehículos más grandes empequeñezcan...
"columnas que sostienen el cielo..."

Y sólo ellos pueden lograr hacernos olvidar que estamos en una ciudad...




No hay comentarios:
Publicar un comentario