julio 12, 2012

Trazas, trazos.

"La traza urbana se genera para hacer trabajar la forma en pro de un mejor funcionamiento de la ciudad".
                                                                                                         J.A. Torres D.

Por lo general caminamos por la calle y la calle intenta darnos la impresión de que vamos en línea recta, del punto A al punto B, y la mayoría de las veces tiene éxito. No nos cuestionamos la rectitud del camino que seguimos, sobre todo si se vale de los árboles y las casas alineadas para hacernos creer en ella.

A veces, sin embargo, pongo más atención, y en pausas hago recapitulaciones de lo andado con mis pies y mis ojos, y caigo en la cuenta de que las calles son variadas como lineas de tinta pintadas a pincel, a veces van describiendo curvas sinuosas, polígonos de ángulos quebrados o aun cuando son rectas, forman parte de una composición (a veces llamada colonia) que se empeña en desafiar la mediocridad reticular...


A veces se decide partir de un centro, para que la colonia tenga una identidad propia y al mismo tiempo sea fácil desplazarse del interior al exterior de la misma...



En otras ocasiones se acentúa la idea del "centro" al rededor del cuál germina y orbita la vida de la colonia...¿qué tan fácil será imaginarse la forma que tiene su hábitat para el que vive aquí? ¿Caerá en la trampa tendida por las calles rectas que se intersectan?



Es sencillo reconocer donde el paisaje se muestra inflexible y obliga al hombre a adaptarse a él...así son prácticamente todas las calles que suben por las faldas de los cerros.



En otras ocasiones no parece haber más motivo que el estético para trazar calles que fluyen como agua...pero en el diseño urbano no hay espacio para caprichos.



Y a veces parece que el urbanista simplemente sacó lápiz y un par de escuadras y a trazo a trazo, dio ser a una nueva colonia...
Pero cuando esta se integra a la inmensidad de la ciudad, a veces debe embonar en un espacio que le resta esterilidad a la simpleza de su traza reticular.

...

Cada calle es una nueva línea en la piel de mi ciudad, y me siento afortunado de que al ver un mapa pueda ver un sinnúmero de combinaciones que la adornan, la embellecen, la hacen única.

julio 04, 2012

De los árboles

Es difícil clasificar a los árboles. Son parte, más que vestigio, del paisaje natural traslapado con el netamente urbano. Cuentan como mobiliario urbano y desde luego, seres que vivos que se dedican entre otras cosas no menos importantes, a observar la vida pasar, experimentando el tiempo como todos los demás.

No existe recurso estético que supere a los árboles.

Realmente son una especie de esculturas vivientes. Esculpidas por el viento, la lluvia, la tierra, a veces con un poco de ayuda humana, pero en realidad ni siquiera la necesitan.

Como elementos sólidos pueden convertirse en columnas que sostienen el cielo, en paredes verdes que separan la banqueta del arroyo, que dividen el mundo de un lado de la calle del mundo que crece del otro lado. Pero la imbatible ventaja de ésta pared es que es meramente visual. Basta decidirse a atravesarla para lograrlo y cubrir el trecho entre dos mundos.

Ni que decir de la natural unión entre los árboles y el agua…insuperable como combinación visual.

Pueden tomar la escena más gris y deprimente que los hombres podamos construir y llenarla de luz y vida con solo enmarcarla.

Fungen como lente y filtro a través del cual la lluvia se suaviza y la luz desnuda adquiere una multitud de matices…

Son capaces de transformar con su sola presencia el espacio en el que crecen.

Los hemos maltratado, los hemos limitado bloqueando sus raíces y cortándoles las ramas que crecen más de lo que creemos “apropiado”, los hemos explotado como hemos explotado a todos los recursos y seres vivos de nuestro planeta. Hasta el límite de lo soportable.

Pero cuando las metrópolis humanas, extenuadas de soportar nuestro insostenible estilo de vida, finalmente como todo organismo viviente, lleguen a su decadencia y muerte, nuestros cuerpos las abandonarán, y sólo quedarán nuestro recuerdo, vagando espectralmente por interminables calles y habitaciones vacías, disolviéndose paso a paso, día a día, hasta desaparecer por completo de la memoria de nuestro planeta.

Y después de un tiempo, mientras el recuerdo de nuestra existencia se desvanece, la vegetación imprimirá nueva vida a nuestras ciudades.  Vida diferente a la que todas nuestras urbes llevan ahora mismo, pero vida, al fin y al cabo.

Tal como las antiguas ciudades mayas, levantadas a base de ganarle terreno a brazo partido a la selva, y finalmente sepultadas con todo su pasado de orgullo y gloria.

El musgo creciendo metódicamente sobre aquellos materiales que creamos precisamente para ser a prueba de vida como el concreto y el ladrillo… el pasto como un río verde que crece y finalmente desborda por calles, patios y finalmente habitaciones y techos. Ríos, lagos, canales, cuerpos de agua creados por nosotros como presas y embalses retornaran a la posesión de las algas y plantas acuáticas.

Y los árboles…

Los árboles continuarán observando la vida, la vida que seguirá y seguirá sin nosotros mucho tiempo, antes de llegar a nuestro fin.

Los grandes amigos, los grandes ilusionistas. Pero sobre todo, los grandes observadores del tiempo.

Y para cerrar...fotos de nuestros amigos:

El árbol tan considerado, encargándose de alfombrar su entorno inmediato.


Nadie como ellos para lograr esa sensación de profundidad.


Los árboles y el agua, inmejorable combinación.



 Alguien se roba la escala en la foto, y hace que los vehículos más grandes empequeñezcan...


"columnas que sostienen el cielo..."



 Y sólo ellos pueden lograr hacernos olvidar que estamos en una ciudad...

julio 01, 2012

Caminos, caminos...



          La vida tiene muchos caminos, y pocas veces son rectos,
                        más bien sinuosos y llenos de recovecos.

abril 22, 2012

Viernes Santo

Viernes. Viernes de abril. Viernes Santo.

Se vació mi ciudad.

Los cuerpos y las almas se dan una oportunidad de descansar escapando del caos cotidiano, por primera vez desde el Año Nuevo (y creo que por última hasta el siguiente 31-12)

Solo quedó el viento, viajando entre las avenidas y camellones, subiendo los puentes, y jugando a escapar, dando vuelta en las esquinas…

Cada cuanto nos podemos parar en medio de una via rapida para tomar una imagen asi?


El parque, los juegos, las bancas...todo habitado por la quietud y el silencio.


El puente vial, sin automoviles parece estar mas cerca del cielo que de costumbre...


Los rascacielos observan hacia abajo enmudecidos, adormilados.


Todas las estructuras de concreto yacen calladas, como bestias adormiladas.


Incluso el metro esta desierto.


El centro de la ciudad, siempre desbordado, hoy luce en calma.


Solo salieron aquellos que no tienen otra opcion...y yo.


El metro realizando su viaje casi en soledad


Hasta las avenidas mas congestionadas se desertificaron.


Ciudad en silencio...¿asi serias en otra vida?


Te amo con todo tu cotidiano clamor de millones de voces, te amo cuando te sumerges en el silencio y te tomas un dia para descansar y soñar -en paz...

Con disculpas por la tardanza para publicar este sueño...

abril 01, 2012

An-estética de la embriaguez...

La ciudad es una creación humana, que ha terminado por desbordar y hasta someter a aquellos que más que construirla, la engendraron. Es un medio ambiente artificial al que hemos dado ser para estar “protegidos” del exterior, de la amenaza de quedar expuestos a la intemperie y llevar cómodamente a cabo una gama de actividades, desde aquellas que nos impone la naturaleza como seres vivos a las más extravagantes que podamos inventar. Sin embargo, se precipita aquí la antigua incognita… “¿quién vigila a los vigilantes?”: el medio urbano que nos debe dar cobijo y seguridad se ha tornado por sí mismo en un nuevo yermo, una nueva tierra de nadie donde acaso la única tranquilidad pudiera hallarse dentro de la cuatro paredes de nuestra vivienda. Y eso tampoco es una garantía.

La ciudad es una selva, se dice con mucha más razón de la que podríamos pensar. Es un cúmulo de vivencias y experiencias de miles o millones de personas, dependiendo de la ciudad, que llegan a nosotros como una gama de estímulos variada: olores de todas las procedencias, colores en todas las tonalidades, luces de cien variedades distintas, voces de seres vivos como de objetos inanimados que se expresan con un millón de timbres correspondientes a otras tantas emociones. Basta que uno se sitúe en el paradero más cercano, afuera de una estación del metro, en el punto donde un mercado se ubique cerca de una gran avenida…


A veces, puede parecer extraordinario que un cerebro humano pueda absorber semejante bombardeo sensorial (y hasta extra sensorial) sin perder lo que en términos simples conocemos como “cordura”. Pero no hay que subestimar la capacidad de supervivencia que posee nuestro organismo. Tendiente a la adaptación como la mayoría de las especies que gracias a ello hoy habitan este planeta, intenta adaptarse en su posibilidad a ese incontenible torrente de percepción. Quizás pudiera venir a cuento los testimonios de aquellas personas que al ser mordidas en pleno océano por un tiburón relatan haber sentido ser ferozmente sacudidas, pero no el atroz sufrimiento que significarían miles de terminales nerviosas destrozándose entre los dientes aserrados del escualo. El cuerpo es muy sabio.


 
Esta desconexión, esta narcosis, como la llamaría Walter Benjamin, sería producto de éste mismo mecanismo, en la misma proporción que es producto del desbordamiento de los sentidos desde el exterior por los incontables estímulos que reciben. La ciudad produce en el organismo del ser urbano un efecto anestésico. Es la actitud blasé, mecanismo de defensa ante la naturaleza abrumadora del mundo exterior en el medio urbano, así lo sugiere el sociólogo y filósofo alemán Georg Simmel. Benjamin extrae otra figura, cuyo comportamiento, a diferencia del blasé que se disuelve en la muchedumbre, tiene como punto de partida la auto-marginación de la naturaleza masiva y sensorialmente agresora de la ciudad. Este, el fláneur actúa, gracias a su capacidad de esteta, como un observador del acontecer de ese mundo del que se ha marginado. No se pierde en él, siempre conserva la perspectiva.

Es justamente la incapacidad de mantener la perspectiva (pues el agotamiento, el estrés y muchas otras preocupaciones convierten la actitud blasé en simple y llana apatía) lo que impide que contemplemos no solo en su completa dimensión a nuestras ciudades, sino que nos regocijemos de todos los pequeños detalles que pasan completamente inadvertidos (“sucesos tan pequeños y rápidos que apenas se podría decir que ocurrieron”) ya que es la suma de miles de millones de detalles instantáneos los que conforman la vida de un individuo y la vida de una ciudad.

No podremos resistir la tentación de volcarnos hacia la postura del fláneur, y por ello es que hemos comenzado todo este argüende, autonombrado blog…


marzo 25, 2012

Fuego Nuevo

Reescribir, reinventar. Cerrar un ciclo e iniciar uno nuevo, si así lo prefieren. Es un acontecimiento natural en el universo del cual formamos parte. No sería una sorpresa que los sucesos recientes fueran un intento del planeta que habitamos por librarse de nosotros y comenzar de cero con formas de vida menos desesperantes y fastidiosas que las que hoy lo infestan.
A veces dar borrón y cuenta nueva parece la opción más fácil (dispuesta a caer en el facilismo), para sacarle la vuelta a una situación que se dificulta, al grado de que pareciera de hecho una forma de escapar de ella; sin embargo pronto nos damos cuenta de que es en realidad una manera eficiente de complicarnos al obligarnos a dejar de lado todos nuestros avances previos y a empezar desde el principio.
No obstante, no es algo que haya que temer o rehuir. Nuevamente, es algo natural, un deseo muy humano de dejar todo atrás y construir algo nuevo.
Sinceramente como ser humano y ser urbano debería reinventarme poco a poco, en un panorama más amplio puesto que todos los seres humanos se reescriben un poco cada día hasta volverse irreconocibles al paso de los años.
Es por esto que hoy vamos a partir de cero, porque considero que hemos errado el camino, que hemos tratado la cotidianeidad con grandilocuencia y así la hemos banalizado. Al volver y releer todo lo que a partir de hoy dejará de ser, me di cuenta de que como precedente no podría añadir algo sin salirme de la tónica que había decidido llevar.
Si hoy lees esto, probablemente no entenderás de qué demonios estoy hablando, y lamento que las entradas viejas, inspiradas de manera rimbombante y chabacanera no estén mas para dar testimonio de la necesidad de su desaparición. En honor a la verdad tampoco es una característica general. Habia una o dos bien logradas, curiosamente creo que no eran de mi autoría. Bueno, así será más fácil rescatarlas en un futuro.
Por lo pronto regresaremos a nuestro principio. Lo más insólito proviene de la realidad, lo más cotidiano, de los sueños.
Hoy saldrá el sol y este será el comienzo de un nuevo ciclo.
Un Fuego Nuevo, como hubieran dicho en tiempos antiguos.